Se  entiende por ciudadanía a la pertenencia de una persona a  la comunidad política y por ser miembro de ella recibe la denominación de “ciudadano”. En tanto dadora de identidad social y política, la ciudadanía se construye en referencia  directa al Estado y contempla una serie de derechos a gozar por el ciudadano y unos deberes que éste debe cumplir y respetar. A partir de la modernidad,  la ciudadanía se transformó cualitativa y cuantitativamente merced a los idearios de igualdad jurídica y  libertad formal, en contra de la arbitrariedad y las relaciones sociales basadas en el privilegio y el status. Los intentos por expandir la ciudadanía han  marcado la dinámica histórica y política, pudiéndose señalar cuatro momentos en los cuales numerosos sectores sociales buscaron acceder a ciertos derechos específicos: en primer lugar, los derechos civiles (organizarse, demandar, etc.), luego, los derechos políticos (elegir y ser elegido), posteriormente los derechos sociales (protección social, empleo, cultura, etc.) y desde las últimas décadas del siglo XX hasta el presente, el reclamo por los denominados derechos humanos de cuarta generación (el medioambiente, el uso de la ciencia y la tecnología, la protección del consumidor, etc.)

Aludiendo al conjunto de los “ciudadanos”, suele hablarse  también de “la ciudadanía”.

Fuente: Raus y Respuela, 1997.