Contemporáneamente se entiende por democracia al régimen político cuyas normas vigentes prevén la protección de los derechos políticos y civiles de los miembros de la comunidad.

En la democracia existen las dimensiones prescriptiva (valores) y descriptiva (hechos) que están en tensión entre sí, dándose una interacción entre los ideales y la realidad, entre el empuje del “deber” y la resistencia del “ser”. Otras dos dimensiones que conforman la democracia son la vertical y la horizontal. Así como la representación política expresa la dimensión vertical, tanto la participación, como el sufragio y la democracia directa, manifiestan la horizontalidad. Si esta última actúa como legitimante de la verticalidad, la presencia de una enorme cantidad de ciudadanos con intereses diferentes entre sí  lleva a la preeminencia de los liderazgos políticos.

Algunos indicadores empíricos permiten constatar si se está en presencia de un régimen democrático: Gobierno representativo; resolución pacífica de los conflictos; funcionarios electos por períodos limitados y renovables; ciudadanos con derecho a elegir a sus representantes; sufragio universal, secreto y libre; votos que valen lo mismo; elecciones periódicas; libertad de conciencia; libertad de información; libertad de agrupamiento de los ciudadanos en partidos políticos y asociaciones en defensa de sus intereses; competencia política libre y existencia de oposición; entre otros.

Fuente: Sartori, 1990 y Morlino, 1984, en Raus y Respuela, 1997.