Se entiende por movimientos sociales a aquellas formas de participación no institucionalizada de grupos y sectores que no se ven contenidos por las instituciones vigentes que canalizan la participación (como los partidos políticos y los sindicatos).

En general, los movimientos sociales se articulan en momentos de crisis o agotamiento de los patrones tradicionales de representación. Estos movimientos se caracterizan por: el interés basado en un territorio, un espacio de actividad (la salud e identidad sexual, la ciudad, la identidad cultural, nacional, lingüística, etc.); el predominio de valores como la autonomía y la identidad; un modo de actuar que comprende, por un lado, acciones que buscan formar una colectividad (llamado modo interno, y que se caracteriza por la espontaneidad, la informalidad, la horizontalidad, etc.) y, por otro lado, una actuación que toma en consideración los contrincantes políticos (llamado modo externo y que se basa en la manifestación de demandas formuladas mayormente en términos negativos y mediante protestas); miembros cuya autoidentificacion no apela al lenguaje político usual (izquierda/derecha, liberal/conservador, etc.) ni a los códigos socioeconómicos parcialmente afines (clase media, obrera, etc.), si no que recurren a categorías provenientes de los planteamientos propios del movimiento (la edad, el lugar, el sexo) o incluso al género humano (como en los movimientos ecologistas y pacifistas).

Fuente: Offe, 1988, en Raus y Respuela, 1997.