Se entiende por participación a aquella actividad voluntaria e intencionada, realizada tanto por individuos, como por grupos pequeños o movimientos  masivos, cuyo objetivo es tratar de influir en los asuntos políticos. La participación de la ciudadanía es vista como valor central y fundamental para vigorizar la democracia y contrarrestar ciertas tendencias contrarias a ella que tienen lugar en el sistema político. La participación puede incluir una gran variedad de conductas, como atender a la información política, votar en las elecciones, ser miembro de un partido político, aportar fondos a causas políticas, realizar tareas de campaña, intervenir en algún movimiento social; desempeñar algún cargo político, o tomar parte en análisis y discusiones ya sea en el hogar o en el trabajo, asistir a manifestaciones, huelgas de hambre, etc.

La  participación puede ser el producto de un interés personal egoísta o del altruismo; puede ser eventual o permanente, espontánea o bien organizada, de colaboración o de confrontación, legal o ilegal, pacífica o violenta. La participación además puede ser: 1) instrumental hacia el logro de objetivos concretos (ganar una elección, apoyar rechazar una política pública o una ley, obtener beneficios personales), 2) expresiva, para manifestar los sentimientos, 3) tener ambos propósitos.

Fuente: Raus y Respuela, 1997;  http://www.ciudadpolitica.org