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Se llama Ciencia Política a un campo del conocimiento autónomo que se constituyó como disciplina a fines del siglo XIX, diferenciándose de otras ciencias sociales y de la filosofía política[1]. Si bien es una ciencia social joven, puede ubicarse su origen histórico en la Grecia clásica, proyectándose desde allí hacia Latinoamérica. En Argentina, la Ciencia Política está atravesando, desde el retorno de la Democracia, por una etapa de consolidación[2]. Esta fase hace alusión[3], por un lado, a la creación de la carrera de Ciencia Política en varias universidades del país, por el otro, al surgimiento de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP, http://www.saap.org.ar) afiliada a la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA, por sus siglas en inglés, http://www.ipsa.org). Además, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, http://www.conicet.gov.ar) y los centros de investigaciones de algunas universidades favorecen a la consolidación de la disciplina mediante la incorporación de politólogos como becarios y personal de carrera. La Ciencia Política tiene como objeto de estudio las relaciones de poder, tanto implícitas como explícitas, que se articulan en distintos niveles, entre sectores dirigentes y dirigidos, en el Estado y sus instituciones, en las organizaciones sociales y los individuos. También le compete a la disciplina indagar tanto en las estructuras como en los procedimientos y procesos que concurren en la toma de decisiones políticas y en las interacciones entre los diferentes sistemas políticos. No debe confundirse “ciencia política” con “política”. Por esta última se entiende “la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder entre distintos Estados o, dentro de un Estado, entre los distintos grupos humanos que éste comprende”[4]. Sobre la política como actividad, ejercida en forma “militante”, con mayor contundencia el mismo autor señala más adelante en su clásico texto: “Quien hace política, aspira al poder. Al poder como medio al servicio de otros fines (egoístas o idealistas) o al poder , para gozar del sentimiento de prestigio que el poder da”[5]. En 1991, el Congreso realizado en Buenos Aires de la IPSA resolvió que hay cuatro sub campos que conforman las fronteras de nuestra disciplina. Ellos son: la teoría política y las instituciones; el análisis político comparado; las políticas públicas; las relaciones internacionales.

Haciéndose eco de lo establecido en esa reunión, nuestra Facultad adaptó su Plan de Estudios[6] a la mencionada diferenciación de la Ciencia Política, ofreciendo en la actualidad dos terminalidades dentro de la Licenciatura: Análisis político y Administración y Planificación pública. En el largo recorrido de más de dos milenios, decimos con algunos estudiosos que la Ciencia Política recoge una tradición de discurso, de conceptos que han llegado hasta hoy pero que en épocas pasadas han tenido significados diferentes[7]. En este sentido, hay una serie de pensadores que resultan una guía fundamental para el estudio profundo de la política, autores con los cuales hay que dialogar porque siempre tienen algo importante para decirnos. Elegir estudiar Ciencia Política es aceptar la invitación a “conversar” con Platón, Aristóteles, Maquiavelo, los autores medievales, también Hobbes, Locke, Kant, Rousseau, Montesquieu, Hegel, Tocqueville, Marx , y ya más cerca nuestro[8], Weber, Schmitt, Arendt, Habermas, Bobbio, Sartori, entre otros. Al ser una ciencia social, la ciencia política trabaja con hechos sociales y con conceptos, se ocupa de cómo es la realidad política (en vez de cómo nos gustaría que fuese). Sin ser pretenciosa, nuestra disciplina cree que el futuro está abierto, tanto para la ciencia como para la política[9]. Cuando hablamos de “cientista político” o de “politólogo”, nos referimos así a quienes abordan científicamente la política, esto es, utilizando métodos específicos originalmente desarrollados en la sociología, la historia, la psicología y la economía. El politólogo trata de entender la realidad haciendo uso de métodos rigurosos de diseño, recolección y análisis que elige según sea el problema de investigación al cual se dedique[10]. Tené presente entonces, que el cientista político es un “profesional reflexivo”[11], que si bien cuenta con una metodología, sabe que ella no debe ser rígida ni debe ahogar su creatividad o su capacidad de sorprenderse. Si todo esto te parece novedoso y complicado, quedate tranquilo que la Licenciatura que te ofrece nuestra Facultad, además de acompañarte en el estudio de los autores clásicos y contemporáneos de la disciplina, también te hará profundizar en eso que llamamos “metodología de las ciencias sociales”, donde verás qué nociones, qué conceptos, están sosteniendo a la misma.

Con estas herramientas el politólogo debe aspirar a poder emitir una visión profesionalmente fundada sobre los temas políticos, de tal forma que sea en una clase ante sus alumnos, en un reportaje en televisión, en un blog, o en la radio, en un congreso o en cualquier lugar donde ejerza su profesión, lo que diga o escriba debe resultar un argumento razonable[12], para eso cuenta con una particular forma de ver la realidad, de pensar, de expresarse y de actuar[13]. Puesto que nuestra disciplina propone indagaciones más abstractas[14], profundizando y contrastando conceptos y teorías, debés tener presente que la ciencia política no es un hobby o algo para realizar en forma amateur. Para que tengas una idea aproximada, el politólogo debe cumplir con ciertos requerimientos formales. Por ejemplo, si quieren acceder a la docencia universitaria, deben pasar por una instancia examinadora que se denomina “Concurso”, y si quieren publicar un artículo suyo en una revista especializada, antes deben esperar que un grupo de colegas supervise lo que escribieron[15], lo cual se denomina “Referato”. Además, debés tener en cuenta que la Ciencia Política –junto a otras ciencias socialesno sólo tiene como fin poder explicar, poder conocer, sino que también tiene interés en modificar la realidad en la cual se desarrolla. Más aun, podemos decir que en ella pueden convivir, en forma armónica, amigable, el saber teórico y el conocimiento aplicado[16]. En nuestro país y en Latinoamérica la disciplina tiene mucho por hacer, pues la Ciencia Política no renuncia a contribuir, en tanto conocimiento práctico, a intervenir en forma concreta en las problemáticas de nuestras sociedades complejas y diversas. Según algunos expertos [17], en el presente tercer milenio a la disciplina le espera un desarrollo muy importante. Como joven del siglo XXI, esperamos que este breve recorrido por ella te haya ayudado en la elección de una carrera universitaria.

Bibliografía

[1] Quiroga, H. La ciencia política: el estado del arte. (2007) En Documentos de trabajo del proyecto Ciclo inicial común en Ciencias Sociales, Ediciones UNL, Santa Fe. p 35

[2] Dentro del proceso más amplio de “institucionalización” de la disciplina, según el enfoque de Arturo Fernández, citado en Quiroga, H. ob. cit., p 40 [3] Quiroga, H. ob. cit., p 41 [4] Weber, M. La Ciencia como profesión. La Política como profesión. (2007), Editorial Espasa Calpe, Madrid. p 88, resaltado nuestro. [5] Weber, M., ob. cit., p 89 [6] Plan de Estudios de la Licenciatura en Ciencia Política de la UNR. Disponible en: http://www.fcpolit.unr.edu.ar [7] Wolin, S. (1960), Política y perspectiva. Continuidad y cambio en el pensamiento político occidental, Bs. As, Amorrortu. P 31 [8] Leiras, M.; Abal Medina, J. (h); D’Alessandro, M. (2005): La Ciencia Política en Argentina: El camino de la institucionalización dentro y fuera de las aulas universitarias. Revista de Ciencia Política, Volumen 25, Nº 1. Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago. p 81 [9] Malamud, A. (2006): ¿Qué (no) es la ciencia política y a qué (no) se dedica? Revista Nueva Época, AÑO 4, N° 5, Facultad de Ciencias Sociales UBA, Buenos Aires, Julio. p 121 [10] Malamud, A. ob. cit., p 122 [11]Schön, D. La formación de profesionales reflexivos. Paidós, Barcelona. 1992. pp. 61, 68, 72 [12] Nohlen, D. (2006): ¿Cómo enseñar Ciencia Política? Revista Nueva Época, AÑO 4, N° 5, Facultad de Ciencias Sociales UBA, Buenos Aires, Julio. p 116

[13]Leiras, M.; Abal Medina, J. (h); D’Alessandro, M., ob. cit., p 86 [14] Nohlen, D., ob. cit., p 117 [15] Malamud, A, ob cit, p 122 [16] Quiroga, H, ob cit, p 35 [17] Wallestein, I, citado en Rivas Leone, J. A. (2002): La politología: Retos y desafíos. Revista de Ciencias Sociales. Universidad de Zulia, Maracaibo. Enero/ abril, Volumen VIII, Nº 001. p 57