El proceso de desarrollo e institucionalización de la Ciencia Política en nuestro país ha tenido un impulso muy significativo con la recuperación democrática. En 1983, la Ciencia Política se enseñaba sólo en las principales ciudades del país (Rosario, Mendoza, Buenos Aires, Córdoba; en estos últimos casos, sólo en instituciones privadas).

La aceleración del desarrollo post 1983 se evidencia no sólo en el ritmo de creación de carreras en el campo disciplinar, sino también en la difusión de la investigación, la extensión, el aumento de reuniones científicas y publicaciones especializadas, y la creciente inserción profesional de nuestros egresados. Esto se intensifica notoriamente a partir de inicios de los años 90’ no sólo “dentro de las aulas”, sino también fuera de ellas. Sin embargo, a fines de la década del 90’s, el diagnóstico sobre fortalezas y debilidades de la disciplina en nuestro país dejaba en la boca un amargo gusto a poco. En una reunión de expertos convocada en Agosto de 1998 por la Secretaría de Ciencia y Técnica del Ministerio de Educación y Cultura (participaron Carlos Strasser, Arturo Fernández, Oscar Oszlak, Isidoro Cheresky, Franco Castiglioni y Hugo Quiroga), Oszlak señalaba que entre los rasgos de la producción de conocimiento en nuestra disciplina, correspondía decir que “…los trabajos presentan un carácter exploratorio y ensayístico que por lo general no se apoyan en una tradición pre-existente. Si bien existe un uso de la bibliografía comparada, no se evidencia una tarea sistemática y paciente de elaboración y producción científica… existe una preferencia por el enfoque especulativo, quizás por la ausencia de recursos para llevar a cabo trabajos del tipo que realizan los cientistas norteamericanos.”

Más de 15 años después, por referencia a muchos factores, la situación es muy diferente a la descripta por Oszlak. Entre esos factores se destacan:

  1. a) los beneficios de la acumulación de esfuerzos sostenidos de investigación (y reforzado por el aumento de carreras, centros de investigación, egresados, publicaciones y posgrados propios del campo);
  2. b) el aumento y diversificación del apoyo que la Universidad en general ha tenido en los últimos 10 años, que ha hecho posible acceder a algunos de los recursos que Oszlak bien marcaba que faltaban para poder conducir más y mejores investigaciones;
  3. c) el fuerte vínculo que aún mantienen con el país (y sus problemáticas más acuciantes) muchas y muchos investigadores que residen y trabajan en el extranjero, pero que reciben fondos en sus universidades y los aplican en investigaciones comparadas sobre Argentina y otros países de América Latina;
  4. d) el impulso que a la investigación en Ciencia Política le dio la revolución de los estudios de posgrado, y las distintas iniciativas que han llevado adelante los organismos internacionales, pero también nacionales, provinciales, y las propias universidades para aumentar significativamente la calificación de sus docentes e investigadores;
  5. e) la posibilidad creciente que docentes e investigadores tienen de viajar y formarse, de organizar o participar de reuniones científicas (de exponer, exponerse, intercambiar y discutir con otras/os), de invitar extranjeros/as a dictar cursos de formación, y de viajar para dictarlos en otros países; de formar redes con ellas y ellos, y realizar estudios comparados con otros casos nacionales de América Latina; de movilizar fondos de distinto origen para elaborar bases de datos que los organismos públicos no tienen pero los investigadores sí; de disfrutar del acceso a bibliotecas digitales con publicaciones de todo el globo, que ponen a nuestra disposición el estado del arte de las cuestiones que nos interesan.

Todos estos, y otros factores, han hecho posible que en temas como representación política y elecciones, sistemas de partidos y sistemas electorales, coaliciones políticas, federalismo (por citar sólo algunos) hayamos pasado, alternativamente, de la reproducción de teorías extranjeras a la identificación de supuestas “anomalías”, y de allí, a la revisión crítica y posterior refutación (total o parcial) de las mismas, en un proceso de producción teórica situado. El resultado es que hoy estamos como colectivo profesional, en muchísimas mejores condiciones que hace 15 o 20 años para intervenir en el debate público, sosteniendo cosas muy importantes, sobre cuestiones muy importantes. La relevancia pública de nuestra disciplina en el país va en franco aumento. Para todo/a aquel/lla que está considerando estudiar Ciencia Política, me permito decirle que no hay un momento mejor que éste para hacerlo.

 

Rosario, septiembre de 2014

SCYT (1998): “Informe sobre el estado de la Ciencia Política en la Argentina”

LEIRAS, ABAL MEDINA (H), Y D’ALESSANDRO (2005): “La Ciencia Política en la Argentina: el camino de la institucionalización dentro y fuera de las aulas universitarias

GANTUSDIEGO GANTUS

Prof. Titular Ordinario de Teoría de la Administración Pública I e investigador de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR. Coordinador de la Licenciatura en Ciencia Política e Investigador de la Facultad de Trabajo Social de la UNER. Pro Secretario General de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP). Candidato al Doctorado en Ciencia Política de la UNR.