fotolia_48838795_m2-990x400La organización de la vida en sociedad es una de las grandes preocupaciones de la Ciencia Política. A lo largo de nuestra carrera, aprendemos diferentes teorías sobre la organización de la vida colectiva, estudiamos distintos tipos de gobiernos, analizamos cuáles son los mejores modos de administrar lo público, e incluso aprendemos a utilizar herramientas de gestión que vuelven más sencilla la organización de esa vida colectiva. Esta formación específica es la que nos permite desempeñarnos de manera distintiva en los espacios de gobierno y toma de decisión. Aquí, los politólogos podemos realizar múltiples tareas y poner en juego nuestra capacidad creativa para transformar y mejorar la realidad.

Algunas veces participamos de equipos que formulan políticas, programas y proyectos para dar respuesta a un problema o demanda de la sociedad. Diagnosticamos situaciones problemáticas (qué es lo que sucede), identificamos la magnitud de los problemas (cuán grave es), buscamos explicaciones (por qué sucede), reconocemos qué sector de la población es el más perjudicado (quiénes sufren el problema), etc.  Planificamos estrategias de intervención y las implementamos: pensamos en las actividades que deberán realizarse para que la situación cambie (por ejemplo, para mejorar el acceso a la educación de los jóvenes nos preguntamos si deberán crearse nuevas escuelas, capacitar a los docentes o ambas cosas), los recursos que necesitaremos (materiales, humanos), las personas que deberán participar (si también incluiremos a los padres o a los docentes y directivos, por ejemplo), los tiempos de ejecución, etc. Analizamos las posibilidades concretas de implementar –aplicar- estos proyectos y pensamos en cómo comunicaremos nuestras decisiones (a quiénes y de qué modo). También, evaluamos los resultados de las intervenciones que llevamos adelante y damos nuestras recomendaciones sobre cómo mejorar la propuesta (si alcanzamos nuestras metas).

Otras veces, nuestra labor está centrada en mejorar los procesos administrativos ya existentes. Y nuestras tareas consisten en hacer análisis organizacionales que nos permitan detectar las fortalezas y debilidades de la institución, motivar al equipo de trabajo para que fije sus objetivos a largo plazo, repensar con ellos sus funciones, etc. O bien, en coordinar o liderar equipos de trabajo, mediar en conflictos, etc. Algunos colegas, en cambio, asumen un rol de asesores o asistentes técnicos.  A partir de su conocimiento experto, sugieren a quienes toman las decisiones qué postura asumir frente a un tema en agenda, cómo resolver un problema particular y qué discursos pronunciar.

Existen diferentes lugares en donde los politólogos pueden desempeñar estas habilidades vinculadas a la administración y gestión. El ámbito estatal es el más elegido por los colegas. Muchos se desempeñan en espacios vinculados al gobierno o la administración pública; en áreas de desarrollo social, cultura, economía o producción; ya sea a nivel local, provincial o nacional. Otros eligen el ámbito legislativo y trabajan como asesores de concejales, diputados o senadores realizando proyectos de ley u ordenanzas. Algunos optan por el servicio diplomático, y desempeñan funciones dentro de la Cancillería o en alguna representación fuera del país (un organismo internacional u otro país).

Vinculadas al Estado existen otras instituciones que también requieren capacidad de organización, planificación y gestión. Muchos Licenciados en Ciencia Política trabajan en las administraciones de universidades nacionales o en institutos científicos como el CONICET o el INTA.

También, los politólogos pueden desempeñar estas capacidades en asociaciones civiles, partidos políticos, movimientos sociales, sindicatos, mutuales, cooperativas, etc. Estas organizaciones también trazan objetivos, piensan sus acciones a largo plazo y diseñan estrategias de intervención que involucran a otros. En otras palabras, también hacen política. Y por lo tanto, es común que en sus equipos involucren a un politólogo para que pueda idear estratégicamente las líneas de acción.

Si bien lo público y lo privado son espacios bien diferentes, los cientistas políticos también pueden usar sus capacidades de planificación y gestión para trabajar en empresas privadas. Por lo general, se incorporan a los equipos a cargo de las relaciones institucionales o de la responsabilidad social empresaria. Allí, se dedican a mejorar la imagen institucional, liderar procesos de planificación estratégica, realizar investigaciones de mercado, de tendencias, de cultura organizacional, elevar la comunicación empresarial, entre otras posibilidades.