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Como se nota a simple vista, es un profesional interesado y dedicado al análisis. Pero ¿qué es analizar la política? Como toda ciencia, la Ciencia Política se interesa por producir un saber, un conocimiento que pueda comprender, explicar (y también transformar, por qué no!) el campo de la política. En tanto analistas, disponemos así de ciertos recursos teóricos y prácticos, saberes y experiencias que podemos conjugar de manera singular, personal. Hay más de una respuesta a la pregunta ¿qué es la política?, y el analista debe construir así a partir de sus conocimientos pero también sus deseos, aquello que quiere analizar. Aunque dotado de ciencia, el analista entonces tiene también una dimensión creativa. Recibimos la misma enseñanza, pero cada analista opta por un menú de opciones más personales con las que se considera mejor preparado para interrogar cuestiones políticas que muchas veces parecen circular con gran obviedad. Así, podríamos decir que una parte de nuestro trabajo es de-constructiva, porque se interroga primero por cómo han sido planteados determinados problemas.

Todos los días en los medios vemos problemas sociales que nos preocupan. A diferencia de otras perspectivas, el analista sospecha y por tanto se interroga si esos planteos mediáticos son ajustados a la realidad y no pocas veces intenta marcar algunas diferencias. Por ejemplo, la “inseguridad” o la “corrupción”, temas presentados como realidades sin discusión, simplemente obvias. Allí el analista, puede intentar “abrir” la cuestión, elaborando preguntas distintas (¿Es la inseguridad sólo un asunto de policías y patrulleros?; ¿La corrupción es principalmente un problema ético y moral?), marcando dimensiones de estos problemas no vistas (¿Cuáles son las causas de la violencia social?; ¿Por qué algunos casos de corrupción son mostrados y otros no?), y también  marcando algunas cosas que no se quieren ver (¿Por qué algunas muertes parecen valer más que otras?; ¿Por qué cuando decimos corrupción pensamos sólo en políticos y no en empresarios y otros actores de la sociedad que también son corruptos?).

En definitiva, el abordaje del analista puede complejizar los diagnósticos que se hacen, colaborar con la solución (a veces un problema mal planteado impide ver las mejores respuestas) y marcar directamente que a ciertos problemas no se les está dando la densidad política que necesitan (es decir, se plantean como problemas no-políticos cuando en realidad de hecho lo son).

Con estas capacidades, distintas entidades públicas (Gobiernos locales, provinciales y nacionales, Universidades, etc.), privadas (consultoras, asesorías, empresas, etc.) así como también organizaciones civiles (asociaciones, medios alternativos de comunicación, voluntariados, etc.), son espacios donde los analistas políticos son requeridos. Los distintos actores de la sociedad que traban relación entre sí suelen precisar de nuestros conocimientos y habilidades específicas.

No olvidemos, que un analista político es un analista político. Su especificidad se mide por tener un manejo de teorías, discursos y prácticas que se relacionan con esa palabra que tiene tantos sentidos: la política. Algunos jóvenes profesionales buscan su área de incumbencia junto a los decisores políticos, es decir se interesan por trabajar en su día a día con “los políticos” de carrera para asesorarlos en su trabajo. Diputados, senadores y concejales (ámbito legislativo) y presidentes comunales, intendentes, gobernadores y presidentes (ámbito del Poder Ejecutivo) suelen tener en sus equipos politólogos (entre otras profesiones) por los conocimientos técnicos que su perfil académico brinda y que los hace capaces de intervenir ante los complejos problemas que los políticos y funcionarios enfrentan cotidianamente. Distintas instituciones reconocen la importancia de que sus equipos de gestión tengan una formación en temas afines a la Ciencia Política y así suelen requerir a un analista político para que transmita sus conocimientos a esos equipos mediante charlas, seminarios y distintas actividades teóricas y prácticas.

En general, nos destacamos por la habilidad a la hora de poner nuestros conocimientos en “acción”. En tanto, analistas tenemos la posibilidad de poner en acto nuestros saberes, y por ejemplo evaluar las complejidades de una política pública, desde su diseño (qué queremos hacer) hasta su implementación (cómo lo hacemos) e impacto (qué efectos tendrá). Una política pública no es sólo una buena idea, también tiene que ser correctamente puesta en práctica porque la complejidad de nuestra sociedad requiere más que buenas intenciones. Cuando la política pública es sólo una buena idea, pueden generarse efectos contradictorios e incluso contrarios a los que se pretendían.

También somos capaces de intervenir en “lo que está pasando”, con una mirada más global, atendiendo a los “discursos” que circulan y que somos capaces de leer “críticamente”. Cuando la información es mucha y variada, cuando hay tantas posiciones e intereses, nuestra capacidad para proponer una lectura que organice y de claridad a la información es muy valorada. Así podemos construir distintos “escenarios” sobre el presente, y sugerir sobre cómo se desarrollarán los escenarios (o cómo podemos incidir para que esos escenarios futuros sean una realidad).

Por último, somos especialmente consultados para dar opiniones y sugerencias en momentos críticos, es decir en esos momentos donde quienes requieren de nuestros saberes necesitan más orientación en sus cursos de reflexión y acción. La amplia tradición de las distintas corrientes de pensamiento de las teorías políticas clásicas y contemporáneas es un recurso valioso para incidir no sólo en la elaboración de las respuestas, sino también en la construcción misma de los problemas.